
“La nueva evangelización no es un concepto abstracto, sino una renovación de la auténtica vida cristiana basada en las enseñanzas de la Iglesia.”, (Papa Benedicto XVI, 2011).
Evangelizar es dar testimonio de un encuentro personal con Cristo.
Así lo expresa el Arzobispo Metropolitano de San Juan, Monseñor Roberto Octavio González Nieves, en su Carta Pastoral, “Paz y Bien”, publicada en 1999.
Se trata de palabras sencillas al alcance de la comprensión de todo el Pueblo de Dios cuando la Iglesia, que, peregrina en Puerto Rico, emprende la Misión Continental en la coyuntura del Año de la Fe. Añade el Arzobispo: “El encuentro con Cristo es la experiencia de una presencia excepcional que nos sorprende, nos atrae y nos mueve a compartirlo; como , el que finalmente encuentra el amor de su vida”.
Es como el joven que vivió alejado de la Iglesia y conoce a Cristo en un Cursillo de Cristiandad o en una convivencia de Juan XXIII. Regresa a su comunidad con entusiasmo e ímpetu para compartir con sus amigos la ilusión del encuentro con el Señor. Esta vivencia lo convierte en un instrumento, a través del cual, sus pares se animan y comparten su experiencia, descubriendo ellos también, la misericordia de Dios. También, es como el matrimonio al borde del divorcio, que, en Casa Manresa o en Casa Cristo Redentor, descubren la gracia del Sacramento, y en lo sucesivo, se dedican a orientar a otras parejas que tienen las mismas dificultades de ellos, antes de esta experiencia.
Evangelizar es la misión que Jesús le encomendó a sus discípulos , de ir por todo el mundo y anunciar la Buena Nueva (Mc 16, 15). Es parte fundamental de la misión profética y apostólica de cada bautizado. Es el gozo incontenible de anunciar que “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en El no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).
Esa es la Buena Nueva. Todo bautizado la ha recibido; es “la luz que ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9), que, por el sacramento del Bautismo se convierte, así, en “hijo de la luz” (1 Ts 5, 5). Con el baño de la regeneración llega el deber de iluminar, con la luz de Cristo, al mundo. Pues, como Santo Tomás de Aquino orientaba: “enseñar a alguien para traerlo a la fe es tarea de todo predicador e incluso de todo creyente”.
En Haití, el hoy Beato Juan Pablo II, al reflexionar sobre la Nueva Evangelización, dijo que es anunciar el Evangelio con “un nuevo ardor, nuevas expresiones y nuevos métodos”. “La conmemoración del medio milenio de Evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como Obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de reevangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”, destacó el Papa Juan PabloII en Puerto Príncipe, durante un discurso a la Asamblea del CELAM, en 1983.
La Real Academia Española define “ardor” como “calor grande, brillo, resplandor, encendimiento, enardecimiento de los afectos, viveza, ansia y anhelo”.
Nuevas expresiones no excluye, respetando las normas litúrgicas, incorporar a la comunicación del evangelio la música, la poesía, el cine, la literatura, la pintura, la danza y el teatro. Y nuevos métodos, sin prescindir de los tradicionales, significa ser receptivos a las posibilidades que ofrecen la radio, la televisión, las redes sociales, las plataformas digitales y la tecnología móvil para divulgar el Buena Nueva del Señor.
El Obispo de Fajardo-Humacao, Monseñor Eusebio Ramos Morales, quien es secretario y tesorero de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, explicó que “la Nueva Evangelización es una convocatoria que hace la Iglesia hoy a todos los hombres y mujeres, para despertar la fe dormida, alentarla, cultivarla y sembrarla cuando está ausente. Hay que recobrar esa pasión, ese ardor, por el Evangelio”, subrayó Monseñor Eusebio, al aludir a las palabras de Juan Pablo II.
El llamado a la Nueva Evangelización es la misión que emprende la Iglesia que peregrina en Borinquen para comunicar “a los cuatro vientos” y sin miedo, el infinito amor y la inagotable misericordia de Jesucristo, al alcance de todos los hombres y estructuras sociales.
Es, como dijo Juan Pablo II, que, “los jóvenes evangelicen a los jóvenes”; o como dijo Mons. Eusebio, en entrevista con El Visitante: “es mover la gente a la calle, es lanzarnos al encuentro de los niños en las casas y acompañarlos en la catequesis”. “La Nueva Evangelización se enfoca, principalmente, hacia los cristianos que han pertenecido a la Iglesia y por una u otra razón, ya no participan o no se sienten vinculados a la Comunidda Eclesial”.
El Obispo Auxiliar Emérito de la Arquidiócesis de San Juan y Presidente de la Comisión de Catequesis de la CEP, Monseñor Héctor M.Rivera Pérez, exhortó a los fieles a evangelizar con la palabra y, de forma especial, con el ejemplo para que vean en el laico un apóstol auténtico de la palabra. “Hay muchos hermanos católicos que se bautizaron y dejaron de asistir, dejaron de crecer en la vida de la Iglesia y en el contacto con el misterio de Jesús. Hay que volver a llamarlos a que entiendan su fe y se comprometan a vivir en la plenitud de la vida que Cristo nos da”, añadió. Luego de llevar el mensaje, es necesario “acoger al hermano con todo el corazón y con toda el alma”.
Mientras, el documento de Aparecida, documento magisterial que orienta a la Iglesia de América y el Caribe en la Misión Continental, es una valiosa fuente de formación e información que todo buen católico puede usar para su reflexión durante el Año de la Fe.
En los siguientes artículos de esta serie, El Visitante compartirá, a la luz de Aparecida y en palabras sencillas, los métodos para evangelizar al matrimonio, los jóvenes, niños y ancianos (431-463) como también a los “rostros sufrientes que nos duelen”, que se revelan elocuentemente en los hermanos adictos, confinados, enfermos, emigrantes y personas sin techo. (407-430).