
El lunes 11 de abril se celebra el día mundial del Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que se caracteriza por un trastorno de movimiento, por tener rigidez, temblor y dificultad para movimientos rápidos. Esta enfermedad afecta tanto a hombres como a las mujeres. Es más común que aparezca en el sexto decenio de vida aunque se ha registrado en personas más jóvenes. El Papa Juan Pablo II fue una de las figuras conocidas que padeció está afección.
Rosita Rosario Maldonado, mejor conocida como Rosita Moore, lleva 20 años con este padecimiento que apareció en su vida luego de cumplir los 50 años. Todo comenzó con un temblor en los dedos de su mano izquierda. “Un día estaba comiendo y me di cuenta que mis dedos temblaban tanto que le daba golpes al plato y me asusté, pero como ese día había movido un trampolín, lo asocié a que hice una fuerza muy grande. Se lo comenté a mi esposo y no le hice caso”, comentó.
De igual forma, señaló que, como los temblores continuaron, sus familiares decidieron llevarla al médico. “Fui a ver un fisiatra y a un médico generalista y ambos me dijeron que no tenía Parkinson. Como los temblores seguían fui a ver a un neurólogo y finalmente me dijo que por los síntomas que presentaba entendía que sí, que tenía la enfermedad. Mi suegro me recomendó que fuera a ver otro médico para buscar una segunda opinión y viajé a Carolina del Norte y allí me atendió una neuróloga que me dijo que ella pensaba que era depresión, me recetó unas pastillas y regresé a Puerto Rico. Las pastillas me daban un dolor en la parte de atrás del cuello y opté por no tomarlas más”, indicó.
Tras varias consultas, fue a otro médico que le colocó unos chupones en la mano que le daban una descarga eléctrica y el certificó que tenía el trastorno. “El doctor me dijo con tristeza usted tiene Parkinson. A mí me afectó tanto que fui llorando todo el camino desde la oficina del doctor hasta mi casa”, admitió quien asegura que vive enamorada del Señor.
Moore, quien perteneció al movimiento de Renovación Carismática durante muchos años, afirmó que no quería tener la dolencia. “Yo no quería tener Parkinson porque esta es una enfermedad que deteriora tanto a la persona espiritual y corporalmente y te va alejando de todo; te tienes que alejar porque de verdad no puedes hacer lo mismo que hacías antes. Al principio me rebelé y le cuestioné al Señor por qué yo, por qué me dio esta enfermedad que me quita las fuerzas y la energía”, argumentó con un brillo especial en sus ojos.
Esta mujer, que en enero de este año celebró 50 años de casada, era la que se ocupaba de preparar las flores, los manteles del altar y todo lo necesario para la celebración litúrgica, no solo del domingo sino de cualquier actividad que hubiese en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en el Barrio Cubuy de Canóvanas, a la que pertenece. “Ya no soy la misma en la iglesia, y es que a veces me arreglo para ir a la misa y me da la “tumbaera”, como yo le digo y no puedo ir. Antes me tomaba las pastillas cada 4 horas, después cada tres. Ahora cada 2 horas y media tengo que bebérmelas y a veces han pasado dos horas y ya siento que me viene el síntoma”.
Asimismo destacó que antes disfrutaba de leer, pero ahora ya no puede. “Antes leía pero ya no puedo, porque es una pesadez la que siento en los ojos y la frente se me pone caliente y no puedo disfrutar la lectura”, sostuvo Moore, la otrora escritora de poemas y canciones.
Asimismo esta amante de las orquídeas dijo que extraña no poder salir al patio para atender sus plantas. “Ya no puedo ni ir al patio. A mí me encantan las matas, desyerbar, echarle vitaminas a las orquídeas, pero ya no lo puedo hacer porque cada vez que salgo me caigo. La última vez hice un “flip” y caí de pecho. La condición está tan avanzada que se me va la fuerza de las piernas y pierdo el equilibrio. El mes pasado me di 11 caídas, tengo un hoyo en la espina dorsal porque tengo laceradas las vértebras del medio”, confesó la madre de 4 hijos, 12 nietos y un biznieto.
Neuróloga habla de la enfermedad
Por su parte, la neuróloga, Norma Agosto Maury destacó que: “este padecimiento es provocado por una falta de dopamina en el centro del cerebro, en un área que se llama los ganglios basales que están en el mismo centro del cerebro lo que provoca que los pacientes tengan una lentitud en los movimientos (kinesia), rigidez y un temblor ”. Igualmente, la doctora detalló que uno de los primeros síntomas de esta condición progresiva es la depresión. “Si algún familiar nota que hay una depresión persistente, sin causa alguna, además de lentitud en los movimientos y pensamientos. También, si tiene la cara sebácea (grasosa) y si la persona, pierde la expresión en el rostro, es momento de buscar orientación”, expresó.
Asimismo, enfatizó en que en la mayoría de los casos, a raíz de los primeros síntomas, los pacientes son evaluados por un siquiatra. “Estos pacientes son llevados a un siquiatra para que atienda la aparente depresión que los aqueja. El cerebro tiene unos depósitos de dopamina, que en estos pacientes ya se sabe que tienen una deficiencia de esto. Los medicamentos antidepresivos y anti sicóticos lo que hacen es que vacían esos depósitos de dopa y aceleran el proceso del Parkinson con la rigidez, el temblor y la dificultad de movimiento. Cuando el siquiatra se da cuenta de que a pesar del tratamiento el paciente no mejora es que entonces lo refieren al neurólogo y nosotros le damos la terapia de sustitución que es la dopa”, explicó.
“El Parkinson no es una enfermedad mortal aunque es progresiva no suele ser mortal y hay esperanza porque existe tratamiento”, recalcó.
Finalmente, Moore dijo que Dios tiene un propósito con cada uno de nosotros. “Este padecimiento me ha ayudado a entender el gran cariño que me tienen mi esposo, mi familia y sobre todo los hermanos de mi comunidad”, concluyó con una gran sonrisa.