Solemne Misa encabeza Toma de Posesión de nuevo gobernador

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Tan sólo unos minutos pasadas las 4 p.m., comenzó la Misa de Esperanza y Agradecimiento con motivo de la Toma de Posesión del gobernador electo Alejandro García Padilla, en una iglesia Santa Teresita, en Santurce, cuyas instalaciones se llenaron a capacidad.

La emotiva Eucaristía, estuvo oficiada por el Arzobispo de San Juan, Monseñor Roberto González Nieves; y concelebrada por el Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Monseñor Eusebio Ramos Morales. Además de la presencia de familiares de Alejandro García Padilla y su esposa Wilma Pastrana, asistieron pasados y presentes funcionarios públicos. También, estuvieron presentes los miembros de la Coalición Ecuménica e Interreligiosa de Puerto Rico.

Durante su extensa homilía, el Arzobispo de San Juan resaltó que la encomienda que debe tener un nuevo gobierno es, sobre todo, distinguirse de su predecesor y ser novedoso. Asimismo, describió el escenario en el que el próximo gobernante asumirá su mandato como uno en el que reina una crisis económica, de violencia, pero más que nada, una crisis espiritual y una pérdida de valores.

“Señor Gobernador, confiando en Dios significa que, en la gestión pública, los principios del bien sobre el mal, de justicia sobre todos y todas, del bien común, de respeto a la vida y a la paz, han de ser los principios rectores. Y, conociendo su corazón, así será”, expresó Monseñor Roberto dirigiéndose al licenciado García Padilla.

Antes de finalizar la Misa, funcionarios electos, incluyendo al gobernador Alejandro García Padilla, recibieron en sus manos unas palomas, las cuales fueron soltadas y revolotearon mientras el Coro de la Catedral de Mayagüez entonaba la melodía “Tu pueblo es mi pueblo”.

Pendientes a la próxima edición impresa de El Visitante para más detalles de esta cobertura.

(Verónica Cruz-Pillich)

DSI y Gobierno: Ley de cierre y sus implicaciones

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“Las autoridades públi­cas tienen el deber de vigilar para que los ciudadanos no se vean privados, por motivos de productividad económica, de un tiempo destinado al descanso y al culto divino”. (DSI, #286)

La pugna histórica por la conocida “Ley de Cierre” crea todavía hoy pasiones entre diversos sectores. Más aún, su controversia se rea­viva año tras año y surgen enmiendas que claramente atentan contra los principi­os y enseñanzas básicas de la Iglesia Católica.

¿Qué es?

La “Ley para Regular las Operaciones de Esta­blecimientos Comerciales”, conocida por la Ley de Cierre, está vigente en Pu­erto Rico desde 1902. En sus orígenes, se conceptual­izó como una protección so­cial y laboral, pues imponía normas con respecto al hor­ario y sueldo de los emplea­dos. En ese año, el estatuto establecía que los establec­imientos comerciales e in­dustriales permanecerían cerrados después del me­diodía, con excepción de las farmacias, mercados públicos, panaderías, hote­les, restaurantes, cafés y lu­gares de venta de refrescos.

Enmiendas

En 1980, el Senado de Puerto Rico consideraba tres proyectos para enm­endar la Ley de Cierre. Al respecto, la Conferen­cia de Obispos Católicos de Puerto Rico (Confer­encia Episcopal Puertor­riqueña, CEP) presentó su posición en una carta con fecha del 17 de marzo de ese mismo año.

“Como líderes religi­osos de este pueblo, sen­timos una preocupación particular por las posibles consecuencias de las en­miendas. Una sociedad que sufre una gran deso­rientación de valores debe examinar cautelosamente cualquier decisión que la pueda conducir a la desin­tegración de sus elementos esenciales. Nuestro pueblo necesita una tregua ante la despiadada vorágine del consumo y de la competen­cia. La familia, los amigos requieren condiciones fa­vorables para un encuentro pacífico y espiritual”, lee la misiva.

El 1 de diciembre de 1989, se creó la Ley de Cierre vigente, la cual es­tablecía el horario domini­cal de 11 a.m. a 5 p.m. En diferentes ocasiones, la Asamblea Legislativa ha trazado diversas enmien­das a este estatuto de fina­les de los ochenta. Por ejem­plo, en 2002, un proyecto de ley proponía eliminar cier­tas restricciones estable­cidas en las disposiciones relacionadas a horarios de apertura parcial, ventas de determinados productos en farmacias y estaciones de gasolina, salarios y horario de trabajo de empleados.

Algunos de los sectores que se opusieron fueron el Centro Unido de Detallis­tas y la Federación de Tra­bajadores. Argumentaban que la extensión de horario perjudicaría al empleado y no beneficiaría en gran me­dida a los grandes comerci­os, ya que el nivel de gastos del consumidor lo establece su salario y no los horarios de las tiendas.

En 2005, se propuso otra pieza legislativa para permitirle a los establec­imientos comerciales e in­dustriales operar durante los domingos a las mismas horas que pueden hacerlo el resto de los días de la se­mana. El horario de lunes a sábado, para aquel enton­ces, era de 5 a.m. a 12 a.m.

Un año antes, en su Carta Pastoral sobre la Familia, el Arzobispo de San Juan, Monseñor Rob­erto González Nieves, hizo un importante pronunci­amiento sobre este par­ticular. “Debo exhortar a la Asamblea Legislativa a que rechace toda propuesta cuyo efecto sea, primero, separar y fragmentar aún más a las familias de nuestra nación puertorriqueña y, segundo, estimular el consumismo desbocado que tanto per­juicio acarrea a nuestra vida individual y colectiva”, afirmó el Arzobispo.

La más reciente y más radical enmienda que su­frió la Ley de Cierre fue en el año 2009. En este estatuto, sólo se restringía el horario de los domingos, de 11 a.m. hasta regular­mente las 7 p.m. o a con­veniencia del comerciante. El resto de la semana, los comercios podrían operar y, operan actualmente, a sus anchas. De esta forma, han proliferado las tien­das que abren 24 horas.

¿Qué dice la Iglesia?

“El día séptimo cesó Dios de toda tarea que había hecho”. Como indica este pasaje bíblico (Gn 2,2), todos los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios, deben gozar de des­canso y tiempo libre para atender la vida familiar, cultural, social y religiosa. “A esto contribuye la in­stitución del día del Señor. Los creyentes, durante el domingo y en los demás días festivos de precepto, deben abstenerse de tra­bajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericor­dia y el descanso necesario del espíritu y del cuerpo”. Así lo expone la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), en el # 284.

Este texto enumera otras consideraciones pro­pias del día del Señor: “El domingo es un día que se debe santificar mediante una caridad efectiva […]. Es además un tiempo propicio para la reflexión, el silencio y el estudio que favorecen el crecimiento de la vida interior y cristi­ana”. (#285) Asimismo, la DSI es enfática en resaltar el deber del Estado, con re­specto al día del Señor. De esta forma, expone que los patronos deben respetar este espacio de descanso y adoración de los empleados sin coartarles su legítimo derecho.

“¿Qué sentido tiene el hablar del bienestar de la familia, si aprobamos leyes que pueden convertirse en una amenaza contra su in­tegridad? Por eso la Iglesia defiende el domingo como un día de culto y descanso. Hay que acentuar el ocio cr­eador, la vida familiar y re­spetar el derecho a adorar a Dios en el día consagrado a su memoria. Por encima de los fines mercantiles preva­lecen los valores religiosos y culturales”. (CEP, 1980)

 

 

“Católico Soy” de Son By Four: Transformación y edificación a través de la música católica

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La realidad actual del grupo Son by Four es maravillosamente diferente a lo que fue en el pasado con sus éxitos seculares. Y es que esta agrupación, renovada por el Santo Espíritu, ofrece todos sus talentos musicales al servicio de Dios impactando vidas y encendiendo luces en los corazones del pueblo.

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Ediciones del 2010

USC rinde homenaje a ex alumnos

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La Universidad del Sagrado Corazón celebró su tradicional Homenaje a Ex Alumnos Distinguidos 2011, en la Sala de las Artes B, Edificio Baralt Sur.

Daniel Aponte Ramos, Estrella Baerga Santini y Ana Irma Vilá Dávila fueron reconocidos por su trayectoria profesional y el servicio que han brindado en beneficio de la sociedad puertorriqueña. Como fieles católicos, estos tres ciudadanos se han dedicado plenamente al prójimo con profunda humildad y ancha caridad. Han procurado el bienestar de los demás desinteresadamente y demostrado que un Puerto Rico mejor es posible.


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