“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación”, (Mc 16, 15).

El Catecismo de la Iglesia, en el número 428, revela las cualidades de un buen catequista; servidor que se dedica a “enseñar la vida de Cristo” a los niños.

"El que está llamado a enseñar a Cristo debe por tanto, ante todo, buscar esta ganancia sublime que es el conocimiento de Cristo; es necesario aceptar perder todas las cosas para ganar a Cristo, y ser hallado en Él y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a Él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos", versa el documento aludido.

La formación del laico, naturalmente, es fundamental. “Más que nada, es muy importante que los catequistas estén bien formados porque si no conocen la fe, ¿cómo la van a transmitir?”, reflexionó Padre Jerry Rivera, párroco de Sagrado Corazón de Jesús en Ensenada, Guánica.

El presbítero explicó que el trabajo de la catequesis no es del catequista solamente sino de los padres y de los niños que deben colaborar con el proceso de formación. “Se debe conocer todo el sentido de la vida cristiana; conocer más de doctrina, de la escritura y de la fe".

El Directorio General para la Catequesis, en su segundo capítulo, subraya que por los desafíos de estos tiempos se necesitan catequistas especializados.

"Los catequistas deben formarse en la necesidad evangelizadora del momento histórico con fe profunda, identidad cristiana, eclesial e intensa sensibilidad social para poder impartir una formación cristiana integral y ser maestros educadores y testigos", versa el número 235 del directorio.

La formación del catequista tiene como finalidad que el laico esté lo más apto posible para comunicar la verdad revelada por Jesús y divulgada por el Magisterio.

Como creyente, debe ser maduro. Y como apóstol debe conocer bien el mensaje que transmitirá en las realidades temporales en que está inmerso.

El Papa Juan Pablo II, durante un viaje apostólico a Manila, en 1981, afirmó que tanto el mundo como la Iglesia necesitan buenos catequistas.

“¿Qué es lo que necesitáis, queridos catequistas, para conseguir la verdadera respuesta al mensaje de Cristo, que es mensaje de vida? Necesitáis ser fieles a Cristo, a la Iglesia y al hombre. ¡Cuánto se os necesita!”


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