Solamente han pasado algunos días desde que los ojos del mundo, el 13 de marzo a las 7:07 pm hora de Roma, se clavaron fijamente delante de la chimenea de la Capilla Sixtina. Era el humo blanco que todos esperábamos y pre-anunciaba: “Habemus Papam”.

No era una noche cualquiera en Roma. Acababa de salir de la Universidad Gregoriana solamente hacia media hora y me había prometido a mí mismo no perderme ninguna de las fumaradas que anunciarían la elección de un nuevo Papa. Salí a toda prisa pero las calles parecían un caos. Aparte de la lluvia y el frío que caracterizaba este día, muchos romanos, así como tantos turistas, religiosos y religiosas que se encontraban en la Ciudad Eterna, llenaban todos los buses en dirección a la Plaza de San Pedro.

Era una cita a cumplir con la historia y con mi fe que no me quería perder. Entre caminar, correr y montarme a un bus que le sonaba la alarma de sobre peso y saltar algunas barricadas, al fin llegué. Dos minutos después, las cosas cambiaron en la Plaza de San Pedro. Cuando empezó a salir el humo blanco, a todos los que estábamos allí presentes –unas cinco mil personas- se nos olvidó el frío y la lluvia. Los paraguas se escondieron, los flashes de la cámaras se triplicaron y casi como una ola de una mar ante la playa, en apenas 15 minutos después, la plaza ya superaba las cien mil personas. Era una alegría indescriptible, allí no importaba la nacionalidad de los presentes, todos querían hablar entre sí. Era un Pentecostés que nos unía a todos los allí presentes, era la fe.

Pasaban los minutos y el número de los presentes crecía, más aún la alegría. Unos cantaban, otros oraban, otros bailaban, y otros tantos ondeaban banderas que significaban la universalidad de la Iglesia. De improviso, como un gesto divino, la lluvia cesó y el frío calmó.

La expectativa seguía creciendo a medida que pasaban los minutos. Cerca de 45 minutos después, frente a la Basílica de San Pedro, empezó el desfile de los soldados de la Guardia Suiza y los diferentes cuerpos militares italianos, así como su alcalde, que rendían un homenaje al nuevo Papa, aún sin saber de quien se trataba.

El silencio reinó por algunos minutos hasta que de nuevo estalló la alegría de todos los presentes. Las luces superiores del la Basílica se habían encendido y dejaban entrever a través de las cortinas un gran número de personas que nos tenían una feliz noticia.

Al instante, sale el Cardenal proto-diácono; todo el mundo calló para escuchar aquellas famosas palabras: “Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam! Eminentissimum ac reverendissimum dominum, dominum Giorgio Mario, Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Bergoglio, qui sibi nomen imposuit Franciscum”. Era el anuncio que el Cardenal de Buenos Aires, Argentina, Jorge Mario Bergoglio, había sido electo como el nuevo sucesor de Pedro.

La fiesta que ya había empezado hacía algunos minutos fue aún mayor, dado el caso que un gran porcentaje de los presentes en la Plaza de San Pedro eran de lengua hispana. Muchos latinoamericanos y caribeños estábamos allí presentes. “Es un Papa que habla español… es de nuestra tierra… se parece a nosotros”, decían algunos de los presentes.

Cuando el Papa Francisco salió por primera vez al balcón de la Basílica de San Pedro, cautivó a todos los allí presentes con su sonrisa, su mano derecha saludando y con un sencillo “buona sera” –buenas tardes- . Su presencia era el signo del buen Dios que había respondido nuestra oración que pedía el envío de un Pastor según su corazón.

Si las profecías vaticinaban el fin del mundo, pues del fin del mundo, -como lo dijo el mismo Papa- los señores Cardenales eligieron este Pontífice. El Cardenal Bergoglio quien tenía a su lado a su amigo el Cardenal Claudio Hummes en el Cónclave, y cuando la votación se volvía cada vez más “peligrosa” –en palabras del Papa- su amigo el Cardenal Hummes le dijo: “no te olvides de los pobres”. Dice el Papa Francisco, que allí fue donde le vino a la mente el nombre de Francisco, el pobre de Asís.

Es la primera vez que un Papa decide ponerse este nombre. Y ya desde su sencillo saludo en el balcón de la Basílica de San Pedro, nos puso a pensar a todos en lo que Dios quiere de su Iglesia en este momento: “una Iglesia pobre para los pobres”, así lo manifestaba el Papa en un encuentro con los periodistas. En estos pocos días, el Papa Francisco nos ha dejado ver unos signos sencillos que nos muestran la profundidad espiritual de su sencillez: su saludo familiar a los presentes en la Plaza de San Pedro, su petición de orar por él antes de darnos su bendición, el deseo de seguir usando sus zapatos negros en vez de los protocolares zapatos rojos, el viaje hecho a la basílica Santa María la Mayor en autobús con los Cardenales, el hecho de volver a la casa Pablo VI a recoger el mismo sus maletas y a pagar la cuenta, su espontaneidad con todos, etc. Estos y otros muchos gestos de sencillez, manifiestan un significado muy profundo, que su única, principal y fundamental riqueza es Jesucristo; que Cristo es la roca esencial de su vida y que su único tesoro es Dios.

Francisco nos puso a rezar a todos, como un padre que enseña a sus hijos a orar en la sencillez pero con la profundidad con las oraciones de todo cristiano; recordándonos que Dios es Padre; que tenemos una madre que nos custodia; y que la gloria del mundo sólo es a Dios Uno y Trino. Abajo los ídolos del mundo, bienvenido lo esencial, afuera lo superficial, Cristo es el tesoro fundamental.

El Papa Francisco quiere ser el último, el servidor de todos, lavar y secar los pies de la Iglesia con su vida. Desea no otra cosa que ser otro Cristo en la tierra como el “poverello” de Asís. El Papa Francisco no está improvisando, así ha sido su vida y no hace otra cosa más que ser honesto a su opción por Cristo, porque seguramente en su corazón deben resonar las palabra de San Pablo: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo que vive en mi” (Gal 2,20).

Oremos por el Papa, por su misión que es la misión de Cristo, la misión de su Iglesia. Agradezcamos al buen Dios el don de darnos un gran sacerdote y pastor de almas que quiere mostrarnos un camino de Iglesia, un proyecto de vivir como discípulos del Señor a ejemplo de este gran santo. Que podamos mostrar la belleza del cristianismo como una Iglesia servidora, con, para y por lo pobres, marginados y excluidos. Una Iglesia que libera, sana, reconcilia y es misericordiosa a ejemplo de su Maestro.

Gracias Papa Francisco, porque a tan solo a pocos días nos has recordado que tenemos que ser “escándalo y necedad” (cf. 1 Cor 1, 18-23), cruces vivientes y proféticas en un mundo que quiere vivir sin Dios.

Gracias Papa Francisco por aceptar ayudar a seguir construyendo la Iglesia de Cristo; exhórtanos y guíanos en la misericordia del Señor.

Bendita la Iglesia entera, bendita América Latina y el Caribe porque un fruto de 521 años de evangelización, ha querido el buen Dios que guíe su Iglesia.

(P. Samuel Velásquez Serrano.  Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico).

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En los últimos días, católicos y católicas del mundo entero han orado incesantemente al Padre Celestial para que le dé a la Iglesia el Papa que mejor pueda dirigirla por los próximos años. Animados en la experiencia de Pentecostés, hemos orado al Padre eterno para que la Capilla Sixtina sea cenáculo donde el Espíritu Santo irrumpa, se deje sentir con ruido estrepitoso y descendiera sobre los cardenales electores para que, dotados con el don de la sabiduría, eligieran al Sucesor de San Pedro.

Hoy, gracias a Dios, el gran elector, el Espíritu Santo, iluminó a los señores cardenales haciéndolos instrumentos de su acción salvadora y han elegido al Cardenal Jorge Mario Bergoglio, ahora el Papa Francisco, 266 sucesor de San Pedro. Además de dar gracias a Dios, damos gracias a los cardenales electores por todo este proceso que acaba de concluir.

Luego de tan importante tarea de seleccionar al Sucesor de San Pedro, viene una nueva etapa, la de evangelizar con más intensidad y entusiasmo al ser humano de nuestros tiempos. Para ello es necesario, la audacia que el Espíritu Santo concede a aquellos que le encomienda guiar la barca de la Iglesia.

Nuestras oraciones se dirigen ahora a Dios para que asista al Papa Francisco en su ministerio como Obispo de Roma y Sumo Pontífice de la Iglesia Universal. Nuevamente Pedro se ha subido a la barca de la Iglesia. Se sube a una barca frágil, barca sacudida a veces por las fallas humanas, barca que navega en nuestros tiempos sobre las agitadas olas, pero es la barca que nos acoge, nos protege y salva del hundimiento y la muerte eterna, barca que es necesaria para la pesca continua de hombres y mujeres que se abran al amor de Cristo para hacer de este mundo un anticipo del reino celestial.

A partir del jueves 13 de marzo, el Papa Francisco, asume la encomienda que Jesús dio a Pedro de apacentar su rebaño. El rebaño a apacentar está por todos los continentes del mundo, conformados por personas de todas las razas, culturas, edades, naciones, clases sociales y diversos carismas. Ese rebaño que el Papa Francisco, nuevo sucesor de

San Pedro, ha de apacentar, tiene todo tipo de ovejas: ovejas en el redil, ovejas extraviadas, heridas, perdidas, desanimadas y ovejas fieles y leales a su pastor y ovejas que tienen corazones grandes para amar, servir, dar, perdonar, y construir un mundo de justicia y paz. Estas ovejas siempre han sido la inmensa mayoría de nuestro redil. Hoy la invitación es a orar por el Papa Francisco, para que en su ministerio petrino sea un pastor a imitación de Cristo, que da su vida por sus ovejas, que conoce y ama a las suyas, las protege del mal, busca a las alejadas, sana a las heridas, protege a las más vulnerables, inocentes e indefensas, se opone a su marginación y sobre todo, procura su salvación.

El nuevo Papa asume esta misión junto a una larga lista de retos, desafíos, áreas de necesidades y de crecimiento. También asume esta encomienda con una Iglesia que por casi dos mil años ha sido el rostro pobre, misericordioso, caritativo, justo, solidario y generoso de Cristo en el mundo. Una Iglesia que tiene una larga tradición de ser instrumento de paz en un mundo muchas veces tentado por la guerra y la violencia. Por ello, la Iglesia de nuestros tiempos necesita de la sabiduría del nuevo Papa, de su voz dulce, suave, amorosa y profética, necesita de capacidad de guía, de su corazón de pastor, de ser un gran comunicador de la verdad sobre la vida, la dignidad y legítimos derechos del ser humano, la familia natural, y el matrimonio natural.

Al concluir, invito al pueblo católico en Puerto Rico a amar al Santo Padre Francisco, a orar por Él, a desearle un ministerio fructífero y sobre todo, a profesarle adhesión y los más altos sentimientos de estima y afecto. Que el Papa Francisco sea eficaz en hacer presente el rostro de Dios en el mundo actual para que este mundo sea un mejor lugar para vivir la fe que nos salva y la esperanza que nos sostiene. ¡Qué viva el Papa Francisco!

 

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Los obispos de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP) se expresaron jubilosos tras conocer la noticia de la elección del nuevo Sumo Pontífice Francisco. La instalación oficial del Vicario de Cristo será el próximo martes, 19 de marzo.

Los Prelados de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico coincidieron en que la elección de un Papa latinoamericano es una gran bendición; y abre la puerta para una futura visita apostólica a la Isla del Encanto.

Con el tono enérgico que le caracteriza, Padre Obispo Rubén González Medina Cmf se mostró sumamente alegre y agradecido de Dios ante la bendición de que la Iglesia Universal cuente con un nuevo Sucesor de Pedro.

“Ciertamente, Dios nos ha regalado un Papa extraordinario. Es un hombre de una sencillez, de una acogida, de una sabiduría. Fíjate, ya nos dio una catequesis desde el inicio. Se presentó con la sotana sencilla; y escoge el nombre de Francisco para indicarnos el servicio que habrá de prestar a la Iglesia. Es un hombre lleno de sencillez, de fraternidad, de esperanza, de comunión”, argumentó Padre Rubén, Obispo de la Diócesis de Caguas.

“Con ese cariño y afabilidad, se presentó ante la Iglesia de Roma y rezó con el pueblo las oraciones tan sencillas que todos conocemos. Pero, sobre todo, le pidió al pueblo que recen por él; logrando así que esa Plaza de San Pedro, que estaba llena de algarabía y gozo, hiciera un silencio sagrado para orar. Es decir, marca un estilo muy distinto. Es un estilo de servicio petrino de mucha esperanza y de mucha alegría”, apuntó.

Sobre la nacionalidad del nuevo Pontífice, Padre Obispo Rubén reflexionó sobre la Evangelización de América. “En este momento, damos gratis, lo que gratis hemos recibido, el don de la fe. Es motivo de colaboración en el proyecto de la Nueva Evangelización”, planteó.

Por su parte, el Obispo de la Diócesis de Mayagüez, Monseñor Alvaro Corrada del Río S.J. enumeró las características que hacen único al nuevo Papa y, entre ellas, destacó su procedencia como miembro de la Compañía de Jesús, orden a la cual también pertenece el Prelado.

“El primer latinoamericano, jesuita, argentino. ¡Qué bendición! No lo esperábamos, pero que bien. Dios nos ha bendecido grandemente”, expresó.

“Francisco va a ser un Papa muy sencillo, pero muy capaz intelectualmente. A la misma vez, yo creo que va a ser un Papa que va a mover la Iglesia en la dirección de mucha oración, de mucho servicio a los pobres. Se vio que él mismo pidió oración a las personas presentes. Tenemos que prepararnos para ver un Papa que nos va a guiar por el camino de Jesucristo con mucha sencillez, pero también con mucho amor a la Iglesia”, sostuvo Monseñor Corrada.

De igual manera, el Obispo de Mayagüez indicó que tuvo la oportunidad de compartir con el hoy Sumo Pontífice hace varios años en Roma. “Fue en la Casa de los Jesuitas. Allí, estuve conversando un momento con él, y me percaté de lo sencillo y humilde que es”, señaló.

Asimismo, destacó que, “el Señor Jesús pone a la persona debida. Muchas veces, nosotros ni pensamos quién es; pero Dios nos guía, por eso la Iglesia sigue adelante”.

Por su parte, el Obispo de Arecibo Monseñor Daniel Fernández Torres emitió sus declaraciones a El Visitante de Puerto Rico, órgano oficial de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, a través de un comunicado de prensa.

“Hoy, manifestamos nuestra adhesión al nuevo Papa, confiados en que el Espíritu Santo de Dios ha descendido sobre los Cardenales convocados al cónclave desde su apertura el pasado 12 de marzo. Así, nos hacemos eco de las palabras pronunciadas por el hoy Papa Emérito Benedicto XVI en su mensaje de despedida a los Cardenales presentes en Roma: Y entre ustedes, entre el Colegio Cardenalicio, está también el futuro Papa, a quien ya hoy prometo mi incondicional reverencia y obediencia”, indicó.

“Confiamos en que el nuevo Papa “presidirá en la Caridad”, como adelantó el Cardenal Ángelo Sodano, decano del Colegio cardenalicio, durante la “Misa Pro eligendo Romano Pontífice”. En ella, recordó que Jesús vino al mundo para hacer presente el amor del Padre hacia los hombres”, añadió el Obispo de Arecibo.

Desde Colombia, el Obispo de la Diócesis Fajardo-Humacao, Monseñor Eusebio Ramos Morales describió la elección del Papa Francisco como el prólogo de un momento de transición renovador e iluminador para la Iglesia.

“A la luz del Espíritu Santo, Espíritu de Jesús y alma de su Rebaño en la historia. Pedimos por la salud y el magisterio pastoral del nuevo Santo Padre Francisco, que acaba de iniciar con esta elección. Que conduzca la Barca de Pedro con la pasión, el entusiasmo y el espíritu de la Nueva Evangelización que ameritan los tiempos modernos y en circunstancias marcadas por el secularismo, con ideologías en contra de la integridad humana e inmersas en el relativismo moral”, señaló Monseñor Eusebio.

Al cierre de esta edición, las gestiones por entrevistar al Obispo de Ponce, Monseñor Félix Lázaro Martínez resultaron infructuosas.

(Verónica Cruz Pillich)

 

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Jorge Mario Bergoglio nació en el barrio argentino de Flores en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Tras estudiar como técnico químico eligió el sacerdocio y entró en la Compañía de Jesús.


•Estudio filosofía y teología en ambas facultades del Colegio Máximo San José. Fue maestro de novicios y profesor universitario en teología, provincial de los Jesuitas en su país y Presidente de la Conferencia Episcopal del 2005 al 2011.
•El 13 diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote. Cumplió un postgrado en la Universidad de Alcalá de Henares y en 1986 concluyó su tesis doctoral en Alemania. Juan Pablo II lo creó Cardenal en el 2001.
•Según información extraoficial, en el cónclave de 2005 la última votación lo vio protagonista junto a Joseph Ratzinger.
•Tiene una fuerte experiencia pastoral, se caracterizó por decir verdades siempre de manera clara. Su página en Facebook cuenta más de 37,000 'me gusta', aunque no es él quien la cuida.
•Viaja normalmente en subterráneo, metro o medios públicos.
•No suele conceder entrevistas, por lo que los periodistas toman sus declaraciones de las homilías. Se enfrentó fuertemente con las autoridades locales en temas como aborto, matrimonio homosexual y liberalización de drogas.
•El Cardenal Primado de Argentina tomó siempre una posición cercana a las clases menos favorecidas, y de reciente criticó a los sacerdotes que no aceptan bautizar a bebés extramatrimoniales, según indicaron los medios locales.
•A los religiosos le pidió "salir a dar testimonio e interesarse por el hermano" porque la cultura del encuentro "nos hace hermanos, nos hace hijos, o prosélitos de una multinacional".
•En diversas oportunidades criticó fuertemente la corrupción y la trata de personas con imágenes fuertes: "Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros".
•Recordó que "hay chicas que dejan de jugar a las muñecas para entrar en tugurios de la prostitución, porque fueron robadas, vendidas o traicionadas".
•Criticó fuertemente el “limitar y eliminar el valor supremo de la vida e ignorar los derechos de los niños por nacer". Y aseveró: "el aborto nunca es una solución".
•Se opuso a la liberalización de drogas y exhortó a los jóvenes a no creerles a "los mercaderes de la muerte”.
•Advirtió que su país “no se cimentó con delirios de grandeza desafiantes", e invitó a ir “más allá de las diferencias".
•Criticó la falta de "humildad" de los gobernantes y la "veleidad" como un desvalor "que carece de toda propuesta".
•Sobre Aparecida indicó que “la inspiración del Espíritu es la gran luz que hubo ahí. Sombras son las mil y una cositas que trababan y tuvimos que superar”. “Todo fue un complejo de luces y sombras y que ganó la luz”.
•Siempre se mostró reacio a obtener encargos de un cierto peso en la Curia Romana, si bien fue nombrado consultor de la Pontificia Comisión de América Latina; miembro de las Congregaciones para el Culto Divino y la disciplina de los sacramentos; del Clero; de los Institutos de Vida Consagrada, del Consejo postsinodal, y de la presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.

(Zenit.org)

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El Pueblo elevó a Dios sus oraciones por los cardenales que se dieron cita en la Capilla Sixtina para elegir al Vicario de Cristo. El suave revoloteo del Espíritu Santo y la solicitud eclesial de los electores marcó un hito en la vida de la Iglesia. La universalidad de la Iglesia, esparcida por toda la tierra, acerca las culturas, las mentalidades, los carismas especiales, que son riqueza y abolengo de la variedad dentro de la unicidad.

Los delegados al Cónclave llevaron en su equipaje pastoral toda una experiencia vivida en sus respectivas diócesis y países. Iberoamérica, con su fervor, colorido, devoción a Nuestra Señora y grandes multitudes de pobres, se conoce como el Continente de la Esperanza. Esa multitud con sus características de piedad y lucha constante representa un caudal de hombres y mujeres que se aferran al misterio de Cristo, que se entregan en sacrificios y vehemencia espiritual a remar mar adentro como una consigna y un estilo de vida.

África siembra y recoge la mies de una entrega vocacional que provee servidores y predicadores de un Evangelio que multiplica ministerios y esboza la perenne vitalidad de unos rostros que sufren la martirial ofensa de regímenes y de enfermedades. Allí, en ese mundo de carencias, la Iglesia refuerza su voluntad de servicio y se ampara en la promesa del Cristo Justo y misericordioso.

Estas dos realidades de la Iglesia Universal tienen que ser barajeadas con otras latitudes que tienen sus peculiaridades y forman un todo de amplia dimensión. Los Señores Cardenales portan la discrepancia entre el dolor cósmico y la aventura cristiana de re-crear el mundo y convertirlo en un lugar para todos, en un peregrinaje que tenga libre acceso a la ruta de Dios, sin obviar los caminos misteriosos, ni las dificultades que se presenten como obstáculos a la trascendencia y a la vida del espíritu.

El Papa Francisco, nombre seleccionado por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, ha sido seleccionado para tan noble cargo y llevará en su sí de aceptación a una Iglesia con atuendo de servidora y anhelos de construir al mundo tejiendo carismas, sanando mentalidades, ofreciendo la sana doctrina como agenda y participación en el misterio de Cristo.

Sin duda con la elección del Papa Francisco, de 76 años, se abre un capítulo más en la amplia y colosal historia de la Iglesia. El Tu est Petrus demarcará, una vez más, la referencia a una cátedra genuina, a una base de fe que no cede ante las fuerzas del mal. Desde Borinquen, en obediencia filial, echamos la red de la fe y hacemos reverencia al que interpretará, en unidad con los obispos del mundo, la sana doctrina, para que el mundo no prevalesca sobre la Iglesia.

(Padre Efraín Zabala)

 

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La sonrisa noble de Francisco; su saludo sencillo y el gesto humilde de invitar a orar por su pontificado a los peregrinos congregados la noche del pasado jueves 13 de marzo en la Plaza de San Pedro son signos esperanzadores para la Iglesia de Jesucristo.

Cada Papa, naturalmente, tiene su mística y encanto. El cristiano católico maduro no puede formular comparaciones respecto a uno u otro porque, irrespectivamente de su nacionalidad, es el Vicario de Cristo.

La elección de Francisco, no obstante, nos emociona sobremanera porque es el primer Papa latinoamericano y pertenece a la Compañía de Jesús, la congregación jesuita fundada por San Ignacio de Loyola.

Como jesuita al fin, si revisamos su biografía y su gestión pastoral como Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, veremos que se ha distinguido por el servicio y su carisma profético.

En BBC Mundo, uno de los medios de prensa digital de mayor credibilidad, leemos que, como Arzobispo y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Jorge Mario Bergoglio –hoy el Papa Francisco- discrepó públicamente de la política del presidente Néstor Kirchner.

“Los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión y los asesinatos, sino también por estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades”, denunció  Bergoglio en una de sus homilías, documentadas por BBC Mundo.

El abismo entre el Arzobispo de Buenos Aires y los Kirchner se acentuó cuando la presidenta Cristina Fernández impulsó en 2010 el reconocimiento jurídico del matrimonio homosexual en Argentina.

Asimismo, como Arzobispo, el hoy Papa Francisco formuló denuncias en contra del aborto, de la trata de niñas, de la liberalización de las drogas y sobre las condiciones de pobreza y desigualdad social en Buenos Aires, como voz profética de los que no tienen voz.

Ilusiona,  a los que amamos la Iglesia, la contundente transparencia de su primera homilía, pronunciada, al siguiente día de su elección, durante la Misa de Acción de Gracias celebrada junto a los cardenales en la Capilla Sixtina.

Un fragmento, oportuno por demás ahora que inicia la Semana Santa, versa así: “Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos un Cristo sin Cruz, no somos Discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.

Y añadió: “Quisiera que todos, luego de estos días de gracia, tengamos el coraje - precisamente el coraje - de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramada sobre la Cruz; y de confesar la única gloria, Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante”.

El posmodernismo se caracteriza por la trivialización de Dios y la relativización de la fe. Si Dios no existe, menos el diablo, pensarán muchos.

Y el Papa Francisco ha sido preciso: “Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio”.

Oremos al Señor para que el Espíritu Santo sostenga al Papa Francisco en su pontificado, uno de grandes retos pastorales.

Pronto, según lo sugiere su trayectoria, no nos deben sorprender sus impresiones sobre los escándalos en la Banco del Vaticano, las intrigas en un sector de la Curia Romana, los secretos del ‘Vatileaks’, los encubrimientos de casos de abuso sexual y otros asuntos.

Algunos observadores especulan que el pontificado de Francisco será de transición, purificación y renovación porque recibe el Cayado Petrino a los 76 años y no a los 58 como, por ejemplo, lo recibió Juan Pablo II.

Si bien los pontificados de Juan XXIII (electo a los 77 años) y Benedicto XVI (a los 78 años) fueron relativamente breves, sólo Dios sabe por cuánto tiempo mantendrá a Francisco al timón de la Barca de Pedro.

(Jaime Torres Torres)

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“MISERANDO ATQUE ELIGENDO”

Su Santidad Francisco.

 

Todas las Cáritas de América Latina y el Caribe, nos unimos al regocijo que experimenta el Pueblo Santo de Dios después de haber hecho oración al Padre, para que a través del Espíritu de su Hijo Jesucristo, llamara y eligiera a Francisco para vivir la comunión con El y predicar el Reino de Dios (cf. Mc., 3,13-19; Mt., 10,1-42).

Que el Señor lo conforte, lo proteja y lo llene de fortaleza, para que al igual que Pedro pueda llevar adelante la tarea de hacer discípulos del Resucitado a todos los pueblos, los santifique y los sirva en el nombre del Señor todos los días (cf. Mt., 28,16-20;Mc., 16,15; Lc., 24,45-48; Jn., 20,21-23) y así dilate a la Iglesia y la apaciente. (Cfr. LG 19)

Desde ya, las Cáritas de América Latina y el Caribe, nos sentimos animadas, fortalecidas y esperanzadas por su sencillez, humildad y espíritu de oración. Su testimonio refleja a Cristo Jesús, humilde y sencillo, que efectuó la redención en la pobreza, y así nosotros como Iglesia, Pueblo de Dios, estamos llamados a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres y mujeres de hoy y de mañana, los frutos de la salvación.

Su gesto de pedirnos que oráramos por él antes de bendecirnos, nos mostró a Cristo Jesús, que "existiendo en la forma de Dios, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo" (Fil., 2,69), y por nosotros, "se hizo pobre, siendo rico" (2Cor., 8,9). Nos llena de alegría y esperanza poder ver en él, aquella sentencia del Concilio Vaticano II de que la Iglesia, si bien para cumplir su misión necesita recursos, no está constituida para buscar la gloria de este mundo, sino para predicar la humildad y la abnegación incluso con el ejemplo. (cfr. LG 8)

Elevamos nuestro agradecimiento, a Dios Uno y Trino, que nos envía a Francisco para "evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos" (Lc. 4,18), "para buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19,10); de manera que todo el Pueblo de Dios, la Iglesia, abracemos a todas las afligidas y afligidos por la debilidad humana, y podamos hoy como siempre reconocer en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, y nos esforcemos en aliviar sus necesidades, transformar sus realidades de dolor y servir en ellos a Cristo. (cfr. LG 8)

Dado en El Vigía, el 14 de Marzo de 2013.

 

+José Luis Azuaje Ayala.

Obispo de El Vigía San Carlos del Zulia. (Venezuela)

Presidente de Caritas de América Latina y el Caribe.

 

Pbro. Francisco Hernández Rojas.

Coordinador Regional de Caritas de América Latina y El Caribe.

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