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En una humilde residencia ubicada en el barrio Villa Palmeras en Santurce, viven José A. Rivera Lebrón y su esposa María I. Santana Orozco. Les acompaña Chispi, su chihuahua de un año, quien amigablemente recibe a los visitantes en la entrada de su hogar.

José, de 55 años de edad y ex guardia de seguridad, sufre de diabetes tipo 2 desde hace más de 25 años. Hecho que le obliga a utilizar insulina dos veces al día.

A consecuencia de su condición desarrolló neuropatía diabética, problemas de circulación, problemas cardíacos, y desde 2011 sufre de fallo renal crónico. Debido a este último asiste a diálisis tres veces por semana durante cuatro horas y media.

Por si fuera poco, ha sufrido de parálisis facial en dos ocasiones y le amputaron parte de los dedos del pie izquierdo a causa de una infección.

José confesó que, a pesar de las adversidades, “la dedicación incondicional de mi esposa y la fe grande que uno tiene en Dios ayudan a uno a superar la situación”.

Precisamente, lo que mantiene en pie a esta pareja de 27 años de matrimonio, es su devoción al Divino Niño Jesús. Así lo evidencia una figura ubicada en una esquina de la sala, la que según José, les recuerda que Dios está con ellos día a día.

Ante el deterioro de salud de su esposo, luego de laborar en el Gobierno durante casi 25 años, María se acogió al retiro y desde hace cuatro años vela por cada detalle médico de José.
Aseguró que “hasta hace poco su carácter y estado de ánimo le cambiaban mucho y se deprimía.

Aunque hace un año aproximadamente que no lo hospitalizan, antes se la pasaba en el hospital cada dos meses”.

Para sufragar los gastos de su tratamiento actual, estimados en sobre $20 mil mensuales, José solo cuenta con la entrada del Seguro Social y la pensión de su esposa. La única ayuda humanitaria que reciben proviene del hermano de María, que les ayuda llevando a José a las citas médicas cuando le es posible.

A pesar de que su expediente está en manos de un cirujano, José desconoce cuándo le llamarán a sala de operaciones. Asimismo, varios de sus allegados se han realizado los estudios de compatibilidad pero los resultados han sido negativos.

Aunque a José le urge un trasplante de riñón, ya que ambos órganos le fallan, tanto él como su esposa entienden que cualquier ayuda económica es primordial.

Más allá de conseguir un donante, se estima que los gastos de operación sobrepasen los $60 mil, cantidad que no poseen. Adicional están los casi 30 medicamentos diarios de por vida que tendría que costear por su cuenta, ya que el plan médico no los cubre.

Ante el inicio del Adviento, la pareja confía que el Señor conmueva los corazones del pueblo puertorriqueño con un toque de generosidad.

(Para cooperar llame a Cáritas de Puerto Rico al 787-300-4953 o envíe su donativo a: P.O. Box 8812, San Juan, Puerto Rico, 00910-0812)

(Nilmarie Goyco)


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